La Cofradía de lo Imposible

Preludio, Parte VIII

¿A quién llamar, sin embargo? ¿Quien tendría el poder suficiente para salvaguardar el imperio y hacer de la Resistencia algo más que un grupo de piqueteros apoyada por tipos en batas blancas y aureolas brillantes? Pues claro, los magos. El Magisterio Incandescente vendría al rescate de Lucentia, como ya lo había hecho en el pasado. Aquellos fieles hechiceros no le fallarían. Los tres se apresuraron a la fortaleza de la organización, solo para encontrarla desierta; unos cuantos sirvientes atemorizados aun permanecían ahí, pero claramente algo malo había ocurrido.


La verdad de lo ocurrido les fue revelada por un serio y ligeramente intimidante joven, que se identificó a sí mismo como Seyfos. Algo raro pasaba con él, sus dientes demasiado largos, su piel demasiado roja y sus ojos demasiado serpentinos. Supieron así del pacto entre el Magisterio y Hathranzzahar y de como la invasión tesantina había sido culpa de Báldor y sus ansias por purificar la sangre de su casa. Y también supieron de la venganza que buscaba Seyfos, la que por lo visto amenazaba por carcomerlo hasta destruirlo por completo. Aunque Cassius tenía sus dudas, Celestia sintió compasión por el e insistió en que les acompañase; quizá todo ese odio podría ser canalizado en algo bueno, y por lo demás necesitaban de toda la ayuda que pudiesen conseguir, y Seyfos parecía saber más sobre el asunto que cualquiera de ellos.


Su conversación fue corta, sin embargo, pues desde las sombras un hombre de granito se abalanzó sobre ellos. Por poco Noak acaba con ellos, pero el cuarteto logró escapar antes de que ello ocurriese. Paciente y acostumbrado ya a mantener su mente prácticamente en blanco, Noak se aprestó a seguirles el rastro nuevamente.

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Preludio, Parte VII

En el intertanto, la Orden de los Sacros Centinelas estaba en alerta. Otro mundo parecía estar pronto a caer bajo las garras de la República Tesantina, lista para masacrar a todos sus habitantes y luego levantarlos como serviles muertos vivientes, atrapando sus almas atormentadas por el resto de los días. La Orden le venía siguiendo la pista a los tesantinos por siglos, y de hecho la batallaba en múltiples frentes. Con Thaenor pronto a colapsar, debía haber algo que pudiesen hacer.


Sin embargo, con sus tropas extendidas a más no poder, la Orden se vio sin otra opción que comenzar a mandar a sus más jóvenes reclutas. Entre ellos, Celestia y Kheldric ―un ostentoso predicador de Lathander, Señor de la Mañana, sobre quien sus superiores sospechaban de su verdadera devoción―, despachados en compañía de varios otros a hacer lo posible por salvar almas en Thaenor antes de que toda la tierra fuera reclamada por los lamebotas de Orcus. La Orden tuvo noticia de que una resistencia se había organizado en una de las naciones de Thaenor, liderada por un pretendiente al trono. Sus instrucciones eran contactarse con la Resistencia y colaborar con ellos en todo lo que fuera posible. El líder, Cassius, resultó un tanto petulante, pero tras sobrellevar una seguidilla de situaciones al borde de la muerte, él, Kheldric y Celestia aprendieron a trabajar juntos. Pero si esta cosa iba a ir a algún lado, necesitarían ayuda.

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Preludio, Parte VI

En Laudium, la capital de Lucentia, las cosas todavía se trataban de política y asesinato… más que nada asesinato. Cassius sabía que de no hacerse con la corona pronto, todo se le vendría encima, pues las paredes comenzaban a hablar y los sicarios que había contratado no habían resultado ser tan prudentes como había anticipado. Debía actuar y hacerlo pronto. Pero la repentina embestida tesantina arrojó por el suelo sus planes; un grupo de senadores necrócratas se acercaron a Laudium para ofrecer condiciones de rendición por parte de Lucentia, pero el moribundo emperador se negó tajantemente. Su caja torácica estallando en mil pedazos y bañando a todos los presentes en gusanos que les devoraron las entrañas parecía indicar la manera en que los tesantinos se habían tomado la negativa. El último heredero al trono se vio obligado a dejar la ciudad junto a sus pocos lealistas, pero no permitiría que le quitasen la corona tan fácilmente. ¿Guerra querían? ¡La Resistencia les haría la vida imposible!


Claro que Volantos, uno de  los senadores participes de dicha comitiva, estaba consciente de más cosas de las que Cassius pensaba, enviando a su guardaespaldas personal, Noak, a lidiar con aquel pelafustán de pretendiente al trono.

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Preludio, Parte V

Setecientas vírgenes mutiladas. La tarea no había sido fácil, pero con todos los recursos del Magisterio Incandescente a su haber, lo habían logrado. Casi un kilometro de roca hubo que excavar para dar con la Cripta del Trueno, pero nada que no su pudiese lograr con suficientes esclavos. Mal que mal, con la inestabilidad política en que estaba sumida Lucentia tras la muerte de tres de sus herederos, nadie había notado la desaparición de los habitantes de una aldea… o diez.


Se llevó a cabo el ritual. El Magisterio pagaba su deuda a Orcus, con la promesa de más poder por venir. Los experimentos con Seyfos habían sido exitosos ―el jovenzuelo ya mostraba signos draconianos evidentes―, pero haría falta el corazón de un dragón en vida si la Casa de Tanniym iba a recuperar su sitial. Báldor y sus más cercanos descendieron a la Cripta para presenciar el desenlace, confiados en su éxito. El ritual logró romper el entramado entre los mundos, y la siniestra figura de Hathranzzahar se hizo presente. En ese momento, Báldor se vio inundado por una marejada de dudas, hasta que su mente hizo cuajar todo y cayó en cuenta que su sed de poder lo había cegado de la tamaña estupidez que había cometido, segundos antes de ver su alma devorada por el sirviente del Príncipe Demoniaco y su cuerpo transformado en un cadáver andante al servicio de Orcus.


El portal en la Cripta del Trueno creció hasta envolver toda la montaña bajo la cual se hallaba, dando paso a las falanges putrefactas de Tesantos para que invadiesen Thaenor.

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Preludio, Parte IV

La vida de Celestia había sido tranquila, si es que tal vez un poco aburrida, totalmente lo opuesto a lo que habían sorteado sus padres. Hija de un paladín de Desna y un ángel de la misma diosa que por amor habían decidido dejar todo atrás y escapar juntos para llevar una vida en paz en las fértiles praderas del sur de Varisia, en el mundo de Golarion, Celestia desde temprana edad demostró una innata preocupación por los demás seres vivos, pero siempre entremezclada con la misma rebeldía que había llevado a sus padres a cometer tan arriesgada escapada.


La inusualmente intensa conexión con lo divino que le fue entregada por la naturaleza divina de su madre llevó a Celestia a unirse al Templo de Desna pocos años después de cumplir su primera década de edad. Quizá consciente de su propia tendencia a hacer las cosas a su manera, se abocó a una vida de servicio, silencio, pureza y… aburrimiento. Rendir culto a Desna, preparar comida para los pobres y rezar siete veces al día era bueno, se decía, pero con cada amanecer que pasaba se preguntaba si su vocación era realmente permanecer encerrada entre cuatro paredes y vestida de blanco inmaculado. “Esto será así el resto de tus días” le dijo una de sus hermanas en la fe en un momento, y fue ahí cuando Celestia supo que no sería capaz de soportarlo.


¿Pero que más iba a ser? Sus padres temían que se supiera de su origen; con tantos paladines y justicieros ciegos rondando por Varisia, vivían con el miedo permanente de que alguien considerase que su existencia era una afronta contra los dioses o, peor aún, la viesen como un regalo del cielo al que hay que proteger y encerrar tras muchos sellos y relicarios.


Así que permaneció en el monasterio. Eventualmente uno se acostumbra a la tranquilidad, dicen. A Celestia nunca le resultó tan fácil, sin embargo. A cada oportunidad que se le presentaba, escapaba del lugar para ir a recorrer las calles de Magnimar, ayudar a los más necesitados y de paso explorar un poco y meterse en problemas. Esto, claro, hasta aquel día en que un vago murió en sus manos mientras intentaba darle algo de agua. Celestia juraba que había podido ver el alma del sujeto salirle por el pecho y desaparecer en el aire, pidiéndole que le ayudase a escapar del destino que le esperaba mas sin poder hacer cosa alguna al respecto.


Se guardó esto para sí por semanas, temiendo lo que le harían si descubriese que había estado sola en las calles. Pero la prioresa sospechaba que algo le ocurría, tan melancólica y nerviosa. Tras conversar calmadamente por horas pudo descubrir que había pasado, aunque para sorpresa de Celestia la superiora no se mostró enojada. Muy por el contrario. Le señaló que intuía que algo así habría de ocurrir alguna vez. “Eres hija de un campeón de Desna y de uno de sus ángeles. Vaya, hija mía, ¿realmente creías que tu vida iba a ser tan simple como la nuestra?”.


Al día siguiente, la prioresa acompañó a Celestia al Pabellón de las Estrellas, la catedral de Desna ubicada en el centro de Magnimar. Ahí, fue presentada al sumo sacerdote y, explicada la situación, le fue revelado algo que la marcaría: Algunos seguidores de Desna, Diosa de los Sueños, las Estrellas, los Viajeros y la Buena Suerte en ocasiones desarrollaban la capacidad de presenciar el viaje de un alma al Más Allá, algo que tomaba décadas de meditación e introspección. Celestia, por su condición única, aparentemente podía hacerlo de manera natural. Llamadas estas personas a custodiar el viaje de quienes morían a su justa recompensa, la Orden de los Sacros Centinelas se había formado siglos atrás, contando entre sus miembros a seguidores de deidades como Serenrae, Torag, Abbadar y la propia Desna, con el objetivo de proteger dichas almas de todas aquellas criaturas y deidades malévolas empecinadas en hacerse con ellas.


La oferta que se le hizo no podía rechazarla: Convertirse en una iniciada de la Orden y ayudar con tan digna labor. No sería una tarea fácil, por supuesto, ni mucho menos segura, con tanto demonio, brujo y monstruo innombrable buscando festinar con las almas de los mortales, pero si con dedicar sus vidas a ello lograban salvar una sola, ya habría valido la pena.
 

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Preludio, Parte III

Lo había logrado. Reclutado a los 16 años. Participe en tres guerras antes de cumplir los 25. Elevado al rango de General por sus heroicas proezas en el campo de batalla a los 30 ―los Colosos de Noak se habían transformado en una de las más destacadas unidades del ejército―, y la promesa de su señor, el Rey Kolos de Myr, de ser dado con baja honrosa al final de la presente campaña contra los beletéos, para por fin poder retirarse a su hogar en las plácidas costas de Argovia, en el mundo de Távaros, para estar con su familia y dedicar el resto de sus días a sus cosechas y animales.


Pero el príncipe heredero de Myr, Irgos, esperaba algo diferente. Tras la repentina muerte del buen rey Kolos, Irgos tomó las riendas de la nación y se aprestó a utilizar la formidable fuerza militar de Myr para dar rienda suelta a sus deseos de gloria y conquista. Y los Colosos de Noak eran un arma demasiado útil como para dejarlos ir.


Noak estaba devastado; las campañas militares de Irgos prometían una vida dedicada a la matanza inescrupulosa, algo muy diferente del honor y justicia que siempre habían caracterizado al póstumo Kolos. En un comienzo, su férrea lealtad al Trono de Myr le impulsaron a marchar y liderar a sus hombres, pero tras la brutal Masacre de Cormosa, durante la cual Irgos ordenó a sus hombres a matar a cada mujer y niño de la ciudad en venganza por la resistencia que sus maridos y padres opusieron, Noak arrojó su estandarte a los pies del Rey Sanguinario, le dio la espalda y se retiró.


Mas Irgos de Myr no era conocido por dar su brazo a torcer. Todos en el reino le pertenecían, y eso incluía a Noak, los Colosos y a cada otra alma en ese campo de batalla. Dio a Noak el tiempo suficiente como para que regresase a su hogar y creyese que todo había terminado. Incluso le otorgó una pausa de varios meses para que pudiese tomarle el gusto a la buena vida en familia. Y luego, un día como cualquier otro, los brujos del rey irrumpieron en su hogar y le transformaron a él, su mujer y su hija en piedra. “Estatuas para la colección del rey”, fue todo lo que les escuchó decir antes de que todo se fuera a negro.


Noak no supo cuanto tiempo había transcurrido, pero al presenciar el castillo en ruinas al despertar le pareció que había sido más que suficiente. Durante los quien sabe cuántos años que permaneció transformado en piedra, la furia y determinación por vengarse, así como la añoranza por su familia, hirvieron dentro de Noak, tanto que un día ni siquiera la roca en que había sido atrapado fue capaz de detenerlo. Su carne y huesos hechos de granito sólido, Noak fue capaz de volver a moverse, tomando control de su propio cuerpo. En un breve instante de esperanza, se volvió para cerciorarse que su familia también había regresado, mas todo se vino abajo cuando notó que ambas seguían siendo frías y quietas estatuas.


Desolado y sin saber qué hacer, Noak pasó días, quizá semanas, sentado en el derruido salón del trono de Myr, hasta que fue capturado por un vociferante grupo de individuos. Todo lo que vino después ocurrió demasiado rápido, y casi sin darse cuenta Noak volvió a terminar como empezó: Un soldado utilizado por alguien más poderoso para sus propios fines. Según descubrió, Myr, Béleta, Melandros y todas las naciones de Távaros habían caído bajo el dominio de la República de Tesantos, una brutal teocracia senatorial completamente sujeta al culto de Orcus, Príncipe Demonio de la No-Muerte, proveniente de un mundo tan lejano como olvidado. Távaros era solo el más reciente que había caído bajo las huestes cadavéricas tesantinas, la cual se arrastraba por el Plano Material Primario consumiendo un mundo tras otro.


¿Cómo terminó Noak en su servicio? Su familia. Volantos, uno de los senadores tesantinos, los había incluido dentro de su propia colección de arte tras arribar al Alcázar de Myr, creyéndolos meras estatuas. Tras descubrir su real naturaleza, se vio gratamente sorprendido con que podía usarlas como medio para obligar a Noak bajo su servicio. Después de todo, la traicionera maraña política que era el Senado de Tesantos era un peligro constante, y tener a alguien como Noak cuidándole las espaldas resultaba más que efectivo. A fin de cuentas, si en algún momento deseaba dejar de cooperar, sus hombres se encargarían de reducir su familia a escombros.
 

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Preludio, Parte II

Según las hojas metálicas y al rojo vivo del Liber Ignis, los fundadores del Magisterio Incandescente acabaron con la vida de los últimos dragones casi siete siglos atrás, salvando a Lucentia de un apocalipsis flamígero. Premiados por el Emperador al entregarles independencia y soberanía, el Magisterio se transformó en la principal escuela mágica de la región, y desde entonces sirvió como gran aliado de la nación, aun cuando sus constantes conspiraciones de poder causaron más de algún conflicto entre ambos.


Por supuesto, lo que el libro cuidadosamente procura no mencionar es que los dragones nunca fueron realmente destruidos; solo cambiaron su apariencia. Seres de larga vida, cayeron en cuenta que su guerra contra los humanos solo terminaría con su especie extinta eventualmente, por lo que optaron por una estrategia más prudente: Hacerse pasar por hombres y tomar control de Lucentia desde adentro.


Todo habría sido perfecto de no ser por la natural avaricia y desconfianza de los propios dragones, la que no perdieron por meramente lucir como personas. Durante los últimos setecientos años, incontables luchas intestinas dentro del Magisterio terminaron por acabar con buena parte de la ya escuálida casta draconiana; peor aún, su intenso y descuidado uso de la magia y la alquimia ―generalmente en contra de unos y otros― causaron estragos en sus propias líneas de sangre, al punto que eventualmente terminaron por perder casi completamente su conexión con sus antepasados dragones.


Con las castas decimadas y por sus venas circulando tan solo una fracción del poder que alguna vez ostentaron, los miembros de la Casa de Tanniym, una de las mas poderosas en el Magisterio, se abocaron a dar con la manera de recuperar su antiguo sitial entre los dragones, usando todo medio a su disposición. No fue de extrañar, entonces, cuando el patriarca Báldor rompió el muro entre los mundos para forjar un pacto con la misteriosa entidad conocida como Hathranzzahar, sirviente de Orcus, el Príncipe Demonio de la No-Muerte. El trato parecía simple: Báldor procuraría desenterrar la Cripta del Trueno, un antiguo templo de Orcus erigido milenios antes de la fundación de Lucentia, y depositar en ella una ofrenda a su señor (consistente en los cuerpos mutilados de 700 vírgenes), y a cambio de esto Hathranzzahar les entregaría el Corazón de Argamoth, un poderoso dragón rojo que alguna vez se rebeló contra el jerarca abisal y que ahora permanecía en perpetuo estado de sufrimiento como castigo, en las mazmorras más profundas de Tánatos, la ciudad-fortaleza del príncipe demonio.


Con el Corazón de Argamoth en sus manos, Báldor enfocó todas sus fuerzas en recuperar el poderío de su linaje, utilizando al más joven miembro de su familia como primera prueba, Seyfos, de tan solo 10 años. Drenándole hasta la última gota de sangre del cuerpo para cambiarla por la densa e hirviente de Argamoth, Báldor estaba dispuesto a condenar a su propio hijo a una vida de torturas con tal de recuperar su poder.
 

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Preludio, Parte I

​​​​​​Los días del Emperador Servius Volcatius Caelianus de Lucentia, una prospera y decadente nación extendida por las costas del Mare Mercatorum en el mundo de Thaenor, estaban contados. Intoxicado por las mismas infusiones de mercurio que, según sus alquimistas personales, le extenderían la vida, mantenía al imperio en vela y a esperas de que abdicase en pos de su hijo mayor, el valiente y apuesto Galerius.


Pero Galerius murió atacado por áspides venenosas y un tigre mientras dormía.


Meses más tarde, se esperaba que anunciase que su segundo hijo, el gallardo y tenaz Marcellus, sería quien habría de tomar las riendas de Lucentia.


Pero Marcellus fue devorado por una jauría de lobos cuando cayó accidentalmente en una de sus jaulas.


Sempronius sería, entonces, tercer hijo y popular entre los políticos por su astucia y capacidad administrativa.


Pero su carroza perdió una rueda mientras cruzaba un puente y acabó ahogado. O quizá primero fue la explosión. No hay total acuerdo de que lo mató exactamente, pero todo lo que quedo para el funeral fue un dedo del pie.


¿Cassius, entonces? Oh, por todos los cielos, Cassius. En la corte se rumoreaba que el joven de tan solo quince años ya contaba con una docena de asesinatos bajo su manga ―muy posiblemente los de sus propios hermanos mayores―, y su predilección por mentir y tergiversar las cosas ya le había ganado una legión de enemigos entre los consejeros y cercanos de su padre. A quien muy probablemente envenenó también, en cualquier caso.

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1. Invite your players

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2. Edit your home page

Make a few changes to the home page and give people an idea of what your campaign is about. That will let people know you’re serious and not just playing with the system.

3. Choose a theme

If you want to set a specific mood for your campaign, we have several backgrounds to choose from. Accentuate it by creating a top banner image.

4. Create some NPCs

Characters form the core of every campaign, so take a few minutes to list out the major NPCs in your campaign.

A quick tip: The “+” icon in the top right of every section is how to add a new item, whether it’s a new character or adventure log post, or anything else.

5. Write your first Adventure Log post

The adventure log is where you list the sessions and adventures your party has been on, but for now, we suggest doing a very light “story so far” post. Just give a brief overview of what the party has done up to this point. After each future session, create a new post detailing that night’s adventures.

One final tip: Don’t stress about making your Obsidian Portal campaign look perfect. Instead, just make it work for you and your group. If everyone is having fun, then you’re using Obsidian Portal exactly as it was designed, even if your adventure log isn’t always up to date or your characters don’t all have portrait pictures.

That’s it! The rest is up to your and your players.

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