La Cofradía de lo Imposible

Preludio, Parte VIII

¿A quién llamar, sin embargo? ¿Quien tendría el poder suficiente para salvaguardar el imperio y hacer de la Resistencia algo más que un grupo de piqueteros apoyada por tipos en batas blancas y aureolas brillantes? Pues claro, los magos. El Magisterio Incandescente vendría al rescate de Lucentia, como ya lo había hecho en el pasado. Aquellos fieles hechiceros no le fallarían. Los tres se apresuraron a la fortaleza de la organización, solo para encontrarla desierta; unos cuantos sirvientes atemorizados aun permanecían ahí, pero claramente algo malo había ocurrido.


La verdad de lo ocurrido les fue revelada por un serio y ligeramente intimidante joven, que se identificó a sí mismo como Seyfos. Algo raro pasaba con él, sus dientes demasiado largos, su piel demasiado roja y sus ojos demasiado serpentinos. Supieron así del pacto entre el Magisterio y Hathranzzahar y de como la invasión tesantina había sido culpa de Báldor y sus ansias por purificar la sangre de su casa. Y también supieron de la venganza que buscaba Seyfos, la que por lo visto amenazaba por carcomerlo hasta destruirlo por completo. Aunque Cassius tenía sus dudas, Celestia sintió compasión por el e insistió en que les acompañase; quizá todo ese odio podría ser canalizado en algo bueno, y por lo demás necesitaban de toda la ayuda que pudiesen conseguir, y Seyfos parecía saber más sobre el asunto que cualquiera de ellos.


Su conversación fue corta, sin embargo, pues desde las sombras un hombre de granito se abalanzó sobre ellos. Por poco Noak acaba con ellos, pero el cuarteto logró escapar antes de que ello ocurriese. Paciente y acostumbrado ya a mantener su mente prácticamente en blanco, Noak se aprestó a seguirles el rastro nuevamente.

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C_Andreu C_Andreu

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