La Cofradía de lo Imposible

Sesión V

10 al 13 de Exhílarus

De regreso en Sigil, la Cofradía se abocó a tareas algo más cotidianas: 


Cassius, tras reunirse con Loth para cuadrar el saldo final del contrato y repartir las ganancias de la reciente aventura entre los cófrades, dedicó su tiempo a organizar las finanzas de la organización. Los gastos incurridos durante su periplo por Gehena y Khurr habían sido mayores a los esperados (en particular por la destrucción del valiosísimo escudo mágico de Noak en las profundidades del Templo Carmesí), por lo que sería necesario tener más cuidado con empresas futuras. En paralelo, procuró realizar gestiones con Loth para lograr acceder al inframundo primal de Sigil; Loth prometió hacer lo posible por coordinar una reunión dentro de algunas semanas.


Celestia, por su parte, aprovechó su tiempo para retomar sus labores en la Colmena, donde acostumbra realizar obras de caridad. Acompañada por Isabella y Roberto y llevando las generosas porciones de pan y jamón que Henrietta y Kroff le suelen regalar para tales fines, se instaló en una de las entradas de la horripilantemente hacinada pila de humanidad ―y no tan humanidad― que se aglomeraba en torno a las Puertas de Sigil. Sorteando los riachuelos de inmundicia y los montículos de escoria, la sacerdotisa repartió el alimento entre los miserables locales, a la vez invocando el poder de Desna para sanar a los leprosos, a los lisiados y a los leprosos lisiados. Un poco más allá, un sacerdote de Mitra ―que regularmente predicaba en el mismo sitio― hizo lo suyo para no ser menos, aunque la diferencia de capacidad entre ambos era evidente. Antes de regresar a casa, una misteriosa figura envuelta en llamativos ropajes intercambió algunas palabras con Celestia, señalándole que el y aquellos con los que trabajaba podrían hacer uso de sus habilidades, y que de ser posible le gustaría tratar el asunto en mayor detalle con posterioridad.


En lo profundo de su laboratorio, Seyfos pasaba su tiempo intrigado por los cetros que habían arrebatado del Sumo Sacerdote en Khurr. Por seguridad, Noak había decidido quedarse con uno de ellos ―el Cetro de Zafiro―, mientras que el Cetro de Rubí estaba en manos del hechicero. Durante su enfrentamiento con Mola Ram, habían notado que el primero había sido empleado como mecanismo de defensa, proyectando un poderoso campo de fuerza, mientras que el segundo le otorgaba alguna clase de poder sobre la sangre, pudiendo paralizar y controlar los cuerpos de terceros. Experimentos preliminares con muestras de sangre fueron insatisfactorios, por lo que Seyfos solicitó la ayuda de Noak como voluntario; este, contra toda noción de sanidad, accedió, tras lo cual casi pierde el brazo, luego de que el cetro le hiciese hervir la sangre en las venas y provocara que estas estallasen. Por su parte, emplear el poder del Cetro de Rubí pareció tener un efecto negativo sobre Seyfos, quien se vio repentinamente exhausto y sufriendo feroces dolores de cabeza; para empeorar las cosas, un grueso y palpitante tumor le apareció en el brazo, mientras que incesantes susurros llegaban a sus oídos ―y solamente sus oídos― desde un origen indeterminado. Podía sentir una presencia ajena cerniéndose sobre el, y era evidente que el cetro había tenido algo que ver en el proceso.


Tras dejar el objeto resguardado en lo profundo de la bóveda arcana de su laboratorio, Seyfos acudió a Celestia con el fin de identificar la naturaleza del tumor. Intentos de curación divina no surtieron efecto, sino que todo lo contrario: Al canalizar energía positiva hacia Seyfos, Celestia se vio golpeada por un espantoso embate de dolor y oscuridad, mientras que nuevos tumores aparecían en distintas partes del cuerpo del hechicero. Una sirvienta intentó limpiarlo, tras lo cual sus manos se vieron sujetas a los mismos horrores; solo amputándole las extremidades fue posible salvarle la vida. Fueran lo que fuesen, aquellos tumores parecían alimentarse con la energía curativa de Celestia y, además, contagiarse al mero contacto. Aun no lo sabía, pero Seyfos acabaría por pagar muy caro su descuido, arrastrando a la Cofradía a oscuridades insospechadas.


Ajeno a todo el ajetreo, Vander pasó el tiempo alternando entre parcialmente alcoholizado y completamente borracho, solo apareciendo ocasionalmente para engullir los manjares depositados por los sirvientes de la Cofradía en el salón de banquetes. Aunque entregó una considerable suma de dinero al Tuerto Willy para que se encargase de organizar una celebración de magnitud, el ogro recién apareció dos días más tarde apenas capaz de mantenerse en pie, sin un cobre y sin celebración de magnitud a ser vista en sitio alguno.


Para calmar la necesidad de socializar de Vander, los cófrades optaron por visitar la Casa del Cerdo Blanco, la reputada taberna unas cuantas cuadras más abajo especializada en productos de origen faerûnes. Ahí, Cassius aprovechó de entablar una conversación con el propietario, el Rubicundo Joseph, con el objetivo de averiguar más sobre sus proveedores, mientras que Vander se vio cautivado momentáneamente por la melancólica belleza de Lathiel, una de las camareras de Joseph y que, según terminó por averiguar, se encontraba atrapada en la ciudad por falta de documentos y virtualmente en situación de esclavitud.

 

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C_Andreu C_Andreu

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